UN CORAZON DE LANA

CONSUELIN UNA AMIGA DIFERENTE

 

UN RECUERDO INOLVIDABLE Y UN AGRADECIMIENTO

ETERNO POR HABER HECHO QUE MI VIDA

SEA TAN RICA EN VIVENCIAS Y EMOCIONES

CONSUELIN VA POR NUESTRA AMISTAD ETERNA

                                                            Hace unos días estando con unas amigas hice alusión a mi ocupación en el centro donde estaba de voluntaria, una de ellas me pregunto el porqué de tanto entusiasmo; también me pregunto si había tenido relación anteriormente con el mundo de la deficiencia. Tardé en contestar porque a ciencia cierta muy segura no estaba de dar la contestación correcta, pero contesté sin mucho convencimiento, dije que siempre me había atraído  el mundo de los incomprendidos; respuesta boba a una pregunta aun más tonta, como si para estar con estos chicos se necesitara haber estado relacionada.

Más tarde, ya a solas y sin saber porque me vino un nombre a la memoria, Doña Victoria. Doña Victoria, como así la llamaba todos los vecinos de la calle,  era soltera, no se si por vocación o por carácter: intolerante, critico mejor criticón, chismosa de las de corre-ve-y-dile, incluso daba miedo a la chiquillería; era la vecina de mi abuela, vivía justo en la acera de enfrente.

También recordé a sus dos sobrinas, una María Victoria, más pequeña que yo y la otra era de mi edad se llamaba Consuelo. No sé ni porque razón ni porque motivo se vinieron a vivir con su tía. A Consuelo la conocí un verano cuando yo debía de tener aproximadamente unos 8 años.

 

   Era principio de Julio, justo al día siguiente de haber llegado de Francia donde vivíamos habitualmente. A la bendita hora de la siesta se oyó el ruido seco y brutal del picaporte de la puerta principal; era Doña Victoria que reclamaba la atención de mi abuela.

Una hora después, me encontraba peinada y en colonizada por mi abuela cruzando la calle con ella ; me llevaba a casa de Doña Victoria.

Sentada en una mecedora de mimbre estaba Doña Victoria, a su lado se encontraba una niña, que después supe que era su sobrina y que se llamaba como ella « María Victoria », debía tener unos cuatro años aproximadamente; jugaba con una muñeca. Al fondo del jardín jugando con una madeja de lana había otra niña, esta era más mayor. Todo era normal hasta entonces.

Doña Victoria me cogió la mano, eso me asusto, esa señora no me gustaba, y con una risita de cascabel llamo a la niña por su nombre: Consuelo, al oír su nombre se levanto y empezó a andar hacia nosotras, me di cuenta que no podía andar muy bien, y que buscaba  con sus manos el no tropezar; pensé que debía ser ciega, pero enseguida observe las gafas; unas gafas enormes con unos cristales gordísimos que hacía que sus ojos fueran descomunalmente inmensos y pavorosos. Asustada, me solté de la mano fría de Doña Victoria y fui a refugiarme temblorosa entre los pliegues del cálido delantal de mi abuela. Mi abuela insistió para que me quedase a jugar con aquella niña, yo no sabía cómo decir que me quería ir, sobre todo porque tenía miedo, estaba asustada, al final mi abuela debió comprender lo incómoda que estaba y dijo que luego volvería para jugar con ella.

 

                                           Al anochecer, cuando el calor empezaba a agobiar, la calle se preparaba para la gran velada. Uno a uno los vecinos iban sacando sus sillas, mecedoras y bocatas a la calle, al fresco. Saludos de puerta en puerta, sin moverse cada cual de su sitio.

El sereno del barrio  seguía su ronda encendiendo las luces, luces tenues, no si para que los mosquitos no hicieran de las suyas o porque la cosa no daba más de sí.

Allí estábamos todos: Don “”Alfonfo”” (Alfonso) el practicante, llamado así por mi desde siempre, su mujer, su hijo, y la abuela( bueno la abuela padecía lo que ahora sé que se llama demencia senil, no le teníamos miedo, nos hacía mucha gracia los disparates que decía). Mi amiga Isabelita, su madre, mi amiga Viky, era la única que vivía en un piso alto todos los demás vivíamos en plantas bajas. Mi amiga Eulalín, Doña Eulalia su madre, gran señora. También estaban los chicos, al que más recuerdo quizás porque después oí que era un gran guitarrista, era Pepe Tomás, se que había más pero el tiempo ha borrado toda reseña y También más vecinos, se pierde la pista, se cambian de casa, de barrio, y yo sólo venia en verano.

Por supuesto También estaba Doña Victoria en su mecedora, este año con sus sobrinas, las dos sentadas en mecedoras para su tamaño.  Como cada noche nos reuníamos las niñas para nuestros juegos, los chicos siempre se ponían aparte. Doña Victoria se aproximo a nosotras trayendo de la mano a su sobrina, la de las gafas. Nos quedamos todas quietas y sobre todo, calladas. Doña Victoria la sentó a mi lado. Consuelo con gesto torpe me puso algo encima del vestido, sacudí con violencia mi falda asustada hasta que lo que allí había cayera al suelo, entonces me fije; era un caramelo Pictolín. La mire, mire a mi alrededor y con gesto presuroso recogí del suelo el caramelo, la miré y esboce una sonrisa, una sonrisa simple, deslavazada. Mi amiga Isabelita me cuchicheo al oído  que la tal Consuelo era tontita, las otras asintieron con la cabeza. Un rato después nos pusimos a jugar, a correr, a pillar, al escondite. No recuerdo si Consuelo seguía sentada en el bordillo de la acera, o en qué momento  su tía se la llevo a su casa, no lo recuerdo, esa noche como tantas otras me olvide de Consuelo.

Un día, estando asomada a la ventana del cuarto vi salir de su casa a Doña Victoria: altiva, repeinada y pintada, sólo los labios; iba apresurada y sola. Me fui corriendo a la cocina donde estaba mi abuela y le pregunte por Consuelo. Mi abuela me contó una historia terrible, me dijo que esa niña cuando nació estuvo muy malita, unas fiebres muy altas.  Que después tuvo el sarampión y le afecto a los ojos, y que cuando fuera mayor ya no vería nada. Le pregunte que porque era tontita? por lo visto la enfermedad que tuvo al nacer y el dichoso sarampión También le había enfermado o no sé que le había hecho en el cerebro, el caso que no sabría hablar bien ni leer bien nunca, ni tan siquiera sabría entender bien a las personas. Muy bien no comprendi a mi abuela pero lo que si hice un ratito después fue cruzar la calle y llamar al picaporte de la puerta de Doña Victoria, salió una señora, era la que venía a limpiar, pedí ver a Consuelo, cruce el largo pasillo hasta llegar al jardín y allí estaba sentada en su mecedora jugando con la madeja de lana

 

Volví varias tardes más. Al verano siguiente nada más llegar de Francia fui a visitar a mi amiga Consuelo, lo más gracioso para asombro mío era que se acordaba de mi. Y así fueron pasando los años, a veces iba a verla otras veces salía con mis amigas, ella nunca se enfadaba si la dejaba por las otras, no sé si entendía porque me iba con ellas, no estoy segura.

Un año regrese de Francia para nunca más volver, mi padre había muerto y decidimos quedarnos a vivir con los abuelos. No sé qué fue de mi amiga, no estaba para preguntas. Recuerdo que un día, era la víspera de mi boda, Doña Victoria vino a verme, a indagar me dijo mi tía al oído porque me casaba tan pronto,  me traía un frasco de colonia, Heno De Pravia, de parte de su sobrina Consuelo, no recuerdo haberla visto más, igual se había marchado a su pueblo con su madre.  Después he sabido por la propia Doña Victoria que su sobrina estaba ciega del todo y que se había marchado a vivir con su madre y que María Victoria su otra sobrina se había casado y tenía hijos y que echaba mucho en falta a Consuelo.

Hoy quisiera decirle a Doña Victoria que la admiro, que valoro en mucho todos esos años dedicados a su sobrina, de cariño, de atenciones que tuvo con Consuelo, y sobre todo quiero pedir perdón por mi mala memoria y por no haber pasado más tiempo con mi amiga.

Ahora cuando alguien me pregunte por mi relación con el mundo de la deficiencia podré decir; que me relaciono por amistad.

Desde aquí quiero que sepas Consuelo que todo lo que haga a partir de ahora ira dedicado a ti,

Un beso Consuelo.